Un grupo de escritores estadounidenses de la década de los cincuenta, con un conjunto de características comunes, tales como el rechazo a los valores clásicos de los propios estadounidenses, gran libertad sexual, uso de las drogas y estudio de la filosofía oriental, son denominados Generación Beat o Contrageneración.
Entre ellos, destaca Jack Kerouac, autor de "On the road" (En el camino) novela que narra de manera autobiográfica sus viajes a través de los Estados Unidos y México y que contribuye a incrementar la mítica de la Ruta 66.
La novela fue escrita en 1.951 en un único y largo rollo de papel, del que se conserva el original y publicada en 1.957.
Jack Kaerouac y Neal Cassady son representados por Sal Paradise y Dean Moriarty respectivamente, en una loca carrera de costa a costa de los Estado Unidos donde el concepto del camino prevalece sobre el interés del destino.
Ambos murieron jóvenes por los problemas derivados de este tipo de vida. Ninguno cumplió los cincuenta.
Salvando las distancias, en 1.994, Jose Ángel Mañas publica "Historias del kronen", llevada al cine un año después por Montxo Armendáriz.
Si bien en este caso no tiene el componente de pertenencia a una generación y defensa de unos determinados "valores", muestra claramente los distintos "viajes" o "carreras" en los que nos hemos visto participando en alguna fase de nuestra vida.
¿Quién no ha vivido "En el camino" o su propia "Historia del Kronen"?
Durante muchos años, la medición de la publicidad convencional, principalmente la que se emitía en televisión, se medía por un ratio bastante desconocido para los profanos (y realmente también para muchos de los que lo utilizaban en sus argumentaciones, sin saber muy bien qué significaba), el grp.
Básicamente, éste permitía cuantificar el éxito de una campaña, al trasladar sus resultados a una cifra, mensurable y comparable.
Hasta aquí bastante... ¿lógico?.
Actualmente la gran segmentación de los medios a dado entrada a otros parámetros más emocionales, que intentamos medir para seguir aplicando los viejos paradigmas. Así, contar los "like" o "me gusta" en facebook, es la versión moderna de esta necesidad de medir, cuantificar, comparar, monetizar, ... que nos persigue en menor o mayor medida a los más marketinianos.
Me declaro un firme convencido en las redes sociales, en el social media en general, en la imposibilidad de seguir haciendo comunicación sin contar con este mundo. Pero a la vez, reto a que alguien pueda recordar veinticinco años después de haber estado expuesto a ella, una comunicación con la claridad y el reconocimiento de marca que han alcanzado los que han sabido llegar al corazón, con emociones.
Después de medir, paso casi obligado para que los nuevos soportes se abran paso en las mentes, a veces duras, de los responsables de marca, habrá que conseguir llegar al corazón y esto estará reservado solo a unos pocos.
En 1.936, John Steinbeck (Nobel de Literatura en 1.962) recibe el encargo de "The San Francisco News" (bendita prensa) para realizar siete reportajes sobre el éxodo de granjeros hacia California.
El tratamiento de estos reportajes no está exento de viviencias personales, el propio Steinbeck fue recolector de fruta en su juventud. Pero la situación en esos momentos era dramática. Tras el crack del 29, comienzan los años 30 de la gran depresión económica americana, a los que hay que añadir las tormentas de polvo que arruinaron las cosechas y con ello el modus vivendi de multitud de familias americanas que se vieron obligadas a emigrar en busca del dorado en dirección a California, zona rica en frutas y miel.
Estos reportajes periodísticos por los que el autor obtuvo el premio Pulitzer, son el germen de la novela (The grapes of wrath) publicada en 1.939 y que Jonh Ford llevó al cine el año siguiente.
Con siete nominaciones al Oscar en 1.940 y dos premios al mejor director y mejor actriz secundaria, la película recoge el éxodo a través de Oklahoma, Arizona, Nuevo y California, de una familia americana cuya dignidad y orgullo les permite mantenerse unida a pesar de las adversidades.
Tras la explotación de los inmigrantes chinos, filipinos y mexicanos, toca el turno ahora a los americanos golpeados por la situación económica, los desastres naturales y la voracidad de los bancos.
La dureza de la película la llevó a estar incluso prohibida en California, por el duro reflejo que supone del maltrato, humilación y miseria moral que sufrieron estos americanos, denominados okies, por sus propios compatriotas, en el largo recorrido a través de la Ruta 66.
Curiosamente son ellos los que dotaron de contenido y progreso a esta ruta mítica, hoy foco de una peregrinación constante de nostálgicos que la convierten en un gran atractivo turístico.
En 1.948, Philips Ibérica realiza la primera demostración en España del funcionamiento de la televisión, en el marco de la feria de muestras de Barcelona. Pero no es hasta octubre de 1.956, fecha en la que Televisión Española comienza sus emisiones regulares, el momento en que la sociedad española empieza a ser consciente del poder de este medio, llamado a revolucionar las relaciones de comunicación entre las empresas y sus clientes.
Desde entonces han pasado muchas cosas, creación del segundo canal, el conocido inicialmente como UHF, los primeros anuncios o comerciales, la aparición de las televisiones privadas, las TDT y quién lo iba a decir, la supresión de la publicidad en este canal.
La reducción de cuota de pantalla ha ido siendo paulatino, pero constante. De una posición arrolladora en 1.990 (73,3% de cuota de pantalla) a una participación mucho más segmentada que en el 2.010 arrojó una cuota del 24%, según datos de TNS (empresa "oficial" responsable de la medición de audiencias en nuestro país).
A esta reducción de cuota de pantalla, hay que sumarle que ésta es cada vez menos. Es decir, este dato mide el tanto por ciento de gente que ve un canal, entre los que consumen televisión. Y este es el gran dilema, esta cuota total es la que se está estrechando.
Ni la tele mató a la radio, ni creo que los nuevos medios hagan desaparecer a los convencionales sino todo lo contrario. Amplificarán su efecto.
Prueba de ello es que precisamente son estos medios supuestamente amenazados los primeros que están implantando su presencia, primero en internet y luego en las redes sociales.
En 1.999 Rick Levine, Christopher Locke, Doc Searls y David Weinberger crean el "Manifiesto Cluetrain", consistente en 95 conclusiones destinadas a llamar la antención sobre las relaciones que mantienen las empresas con sus consumidores.
Su origen hay que buscarlo en la irrupción del fenómeno internet, cuando la representación de este mundo se circunscribía al entorno web.
Hoy creo que el manifiesto está más en vigor que nunca y que las redes sociales no son un fenómeno, ni de minorías, ni pasajero.
Debemos poner en valor el poder de nuestros consumidores. En un mundo convulso donde las dictaduras más arraigadas están cayendo con una facilidad inimaginable hace pocos años, es el momento de reflexionar sobre la posibilidad de que estas corrientes se fijen otros objetivos, hartos de financiar estructuras de producción y/o comercialización en la que no se les escucha.
Cuando esta corriente comience, proponer reformas será inútil, será tarde.
Otros han seguido esta secuencia y vuelan ya hacia el exilio.
Hace muchos años, cuando era un niño, tenía aficiones que aunque abandoné poco a poco, me dejaron conocimientos que he descubierto, son sabidurías. El mérito no es mío lógicamente, sino de quien me las transmitió.
Cada viernes, después del colegio, acudía en una escuela-taller de dibujo. Quizá no recuerdo muy bien la técnica, pero nunca he olvidado lo que me enseñaron sobre la firma de un trabajo.
Mi profesor, Ángel, un tipo muy especial, me dijo: "Nunca firmes un trabajo con una firma grande, hazlo siempre de una manera discreta. Si el trabajo es malo, no hace falta que grites diciendo que lo has hecho tú. En cambio, si es bueno, no te preocupes, buscarán la firma en la obra y la encontrarán".
Cuántas veces he recordado esta enseñanza.
A veces, algunos anunciantes, me pedían una campaña viral, pero realmente lo que quería era algo notorio, que fuese a mayor gloria de su producto y creo que también bastante a su persona, pero por supuesto barato, muy barato. Es que si no, no era mk viral decían.
Efectivamente, no entendían nada.
Otra vez, la actualidad nos pone al alcance un ejemplo. Coca Cola ha lanzado una campaña para algunos paises de habla hispana que está dando la vuelta al mundo.
La idea es sencilla: un poco de pesimismo actual al que darle la vuelta, una canción adaptada, niños y la magia de la marca que, como su producto físico, corresponde a una fórmula secreta que nadie conoce... o no tanto. Talento, confianza ciega en la comunicación y la inversión necesaria, ni más ni menos.
¿Quién ha dicho que es una acción cara... o barata?
Otro ejemplo de una campaña que está dando la vuelta al mundo y el público demanda, busca. ¿Tiene esto precio?
En nuestra juventud creamos ciertos ídolos que poco a poco el tiempo se encarga, si no de destruir, si de cumplir, que en algunos casos, son sinónimos.
El tiempo me ha permitido ir cumpliendo algunos y ese mismo maldito tiempo, me impedirá repetir otros, que se cumplieron cuando mi edad lo exigía y que no podrán repetirse porque yo no volveré a tener veinte años.
Uno de ellos era recorrer la Ruta 66. Atravesar EEUU de costa a costa a bordo de un Cadillac descapotable. Ese maldito compañero, el tiempo, ha vuelto a rescatar de mi memoria este proyecto, con la diferencia de que ahora no puedes escaparte de él. Ahora los proyectos se rescatan para cumplirlos.
Cuando llegan a tí, estos propósitos suelen tener más componente de aventura que cuando puedes materializarlos, que se embadurnan de preparación, documentación, cifras, agenda, ...
Creo que ha llegado el momento de ponerle fecha.
El objetivo es realizarlo en el 2012, solo o en compañía de otros.
Quizá ya no sea un Cadillac, intentaré que sea un Mustang, pero sobre todo, intentaré que sea el próximo año.
Brevemente, la Ruta 66 ya no es una gran desconocida para mí. Ahora sé que posiblemente representa las corrientes migratorias de la costa este hacia la oeste, en busca de oro, tierras, riqueza, ... en definitiva, la tierra prometida. Que éstas volvieron a repetirse en los años 30, ya utilizando esta ruta federal, construida en 1.926, señalizada el año siguiente que no estuvo totalmente pavimentada hasta 1.938
Ahora sé que cada vez es más necesaria una correcta documentación para transcurrir por los tramos que todavía están disponibles ya que el trazado original ha sido poco a poco "digerido" por las interestatales.
Pero sobre todo sé que cuando aterrice en el aeropuerto de Chicago, sólo me separarán 3.939 kms. (tras atravesar Chicago, Illinois, Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California) para derribar otro mito.
Durante años me he sentido un poco perteneciente a una casta apestada. De esos que se dedican a la publicidad (lo del marketing todavía era un concepto no popularizado).
En menor medida, debe ser algo así como declararte piloto (y del Sepla) o controlador aéreo en momentos conflictivos.
En nuestro caso, se nos responsabilizaba del consumismo desmesurado, de la caducidad de los productos, de la generación de modas efímeras, ...
Ahora empiezo a sentirme más como un engranaje de una maquinaria mayor, un peón más o menos cualificado y audaz de una partida en la que nosotros sólo conocíamos (y creíamos) una parte y en la mayoría de los casos, envuelta en bondad, modernidad y desarrollo.
Hace poco disfruté de un reportaje en La 2 (es verdad, hay gente que los ve) que ha tenido cierta repercusión. En el mismo se afirmaba sin paliativos, que los publicistas e ingenieros tan sólo obedecían al criterio de los grandes economistas-industriales (la misma casta que ahora pugna por explicarnos, siempre a posteriori, por qué hemos llegado a este charco y por qué, de nuevo a toro pasado, nuestros esfuerzos por salir de ahí son vanos) que luchaban en pro del desarrollo económico mundial.
Como tengo la impresión de que, como en la fábula, "un escorpión siempre será un escorpión", mi análisis será siempre parcial, desde el punto de vista de alguien dedicado a la comunicación y comercialización, mis dudas se centran en qué pasará con nuestros recuerdos.
¿La excesiva velocidad en la caducidad de los productos nos llevará a que no ocupen ninguna posición en nuestra mente?
¿Nos convertiremos en amnésicos del consumo?
¿Desaparecerán las olas de nostálgicos?