sábado, 20 de febrero de 2016

"La Rabia y el Orgullo"

Portada "La Rabia y el Orgullo"


"Hay momentos, en la Vida, en los que callar se convierte en una culpa y hablar en una obligación. Un deber civil, un desafío moral, un imperativo categórico del que uno no se puede evadir". - Oriana Fallaci (1929 - 2006)

Instalados como estamos en plena corriente de "buenismo", escondidos tras unas redes sociales que nos permiten ser "inmensamente solidarios" tras un simple avatar, hashtag, retuiteando una fotografía dolorosa para "concienciar" a los demás lo que para nosotros tan solo es una pausa en nuestra plácida vida de tertulias entre gin tonics y colegas militantes de nuestras mismas teorías, por convicción o interés, que sirve le leit motiv a los que llevan 20 años viviendo de la reivindicación de cualquier cosa que pueda proporcionar rédito político, rebuscando en la paleta de colores para elegir el color del lazo o marea y todo ello favorecido por una tecnología push que pone delante de nuestras pantallas duras imágenes, tiernas declaraciones de solidaridad y sobre todo argumentarios para lanzar al contrario sobre los que nos subimos para parecer que nuestra moralidad es infinitamente mejor que la del adversario, conviene también escuchar voces que nos recuerden los peligros de subirnos a una ola frente a nuestros inofensivos adversarios de beneficios cortoplacistas, dejando crecer y fortalecerse desbocado el verdadero riesgo.





Y para eso no hay nada como alimentarse de las fuentes que nos proporcionan doctrina y contemplar nuestra estanterías llenas de souvenirs y fotos repetitivas de los personajes que estimamos nos dan un barniz de prestigio por "ósmosis" pero que jamás se ponen al teléfono o responden a una llamada porque en el fondo, ellos sí saben que somos simples reminiscencias del fenómeno fan. Estanterías vacías de libros o en el mejor de los casos, con libros de lomos, portadas, páginas y textos de un solo color.

Por eso, leer a periodistas o escritores como la polémica Oriana Fallaci, siempre es más relevante que a la legión de jefes de prensa-publicistas que suelen poblar la mayoría de las crónicas que copan los medios de consumo habitual. Disentir, como es mi caso, en aspectos de su visión da vértigo a pesar de que ya no pueda tumbar mis críticas porque un cáncer de pulmón la privó de poder apuntalar sus teorías con la obstinada realidad. Un vértigo por el currículo que avala a Oriana. Una periodista y escritora que se jugó la vida como partisana durante la II Guerra Mundial, activa antifascista, corresponsal de guerra en Vietnam, en el conflicto entre India y Pakistán, en América del Sur, Medio Oriente y la Guerra del Golfo. Herida por una ráfaga de metralleta durante la "Matanza de Tlatelolco" en ciudad de México donde se la dio por muerta y fue trasladad a una morgue.

Quien como periodista entrevistó al Rey Hussein I de Jordania, Yasser Arafat, Henry Kissinger, Golda Meir, Ali Bhutto, Deng Xiaoping, Willy Brandt, Gadafi o el ayatolá Jomeini entre otros, debe tener algún que otro dato que permita tener en cuenta al menos su punto de vista.

Oriana escribe "La Rabia y el Orgullo" desde su retiro en Nueva York, después de diez años de silencio, y tras vivir en Manhattan los atentados del 11 de septiembre, para poner en evidencia la decadencia occidental amenazada por el fundamentalismo islámico.



Ahora, antes de poner cara de admiración a cualquier gurú, columnista, tuitero o similar, suelo enterarme de sus méritos aprovechando las nuevas tecnologías de camino a la barra para pedirle otra copa y decidir mientras si a la vuelta merece la pena prestarle mi cada vez más escasa capacidad de atención hacia los nuevos "hombres de estado" o pegarle un repaso mental a la siempre complicada lista de la compra a la que no le presto la atención que merece y que suele castigarme dejándome sin el único papel que pierde su apellido después de usarlo, a mitad de semana.