viernes, 23 de agosto de 2013

"Papel y Plástico"

Portada
Primer tomo de una trilogía que recoge los recuerdos de una generación.
Mazinger Z, Heidi, los Madelman, Comando G, libros, juguetes, anécdotas comunes en el colegio....
Una lectura sin duda poco sesuda pero que te arrancará una sonrisa si naciste en los 60-70

"Papel y Plástico"
Oscar Lombana
Astiberri
ISBN: 978-84-92769-19-3
132 Páginas + cubiertas

domingo, 18 de agosto de 2013

"Entre los Picos de Europa"

Foto de la portada


Si vas a Potes (Cantabria) y en medio de un montón de tiendas llenas de productos típicos de la tierra y libros sobre montañas, rutas de senderismo, mapas, ... te encuentras la foto de un piloto sobre un antiguo planeador, es imposible no caer en la tentación.
Renuncio a las botellas de raros licores que luego nunca bebo y terminan ocupando un espacio precioso, a los sobaos maravillosos que provocan un remordimiento de conciencia enorme antes incluso de tragar el último pedazo.
En fin, que en vez de pecar de gula, pequé de codicia, de poseer una historia más de alguien que también sueña con volar desde joven y que además en este caso, se trata solo de una de las aficiones de Miguel Ángel Díaz "Cantolla", un cántabro enamorado de su tierra que repasa su vida desde niño.

El libro recorre su infancia, sus amores de juventud entre los que no solo se encuentra la aviación, también montañas, paisajes, ... y por supuesto mujeres, que como es habitual, delimitan incluso períodos vitales.
Un Miguel Ángel emprendedor, self made, que se atrevió a probar fortuna en Méjico, con la alcaldía de Potes, ....

Un libro ideal para pasar las tardes de agosto de vacaciones en Cantabria.

"Entre los Picos de Europa. Las vueltas que dió mi vida "
Autobiografía de Miguel Ángel Díaz "Cantolla"
ISBN: 84-611-1765-4
320 páginas + cubiertas

martes, 13 de agosto de 2013

"Hagakure. El camino del samurái"

Portada libro
"El camino del samurai", libro escrito en el S XVIII por Yamamoto Tsunetomo, tras retirarse a un monasterio a la muerte del señor al que sirvió durante treinta años. A su muerte, Yamamoto no ejecuta el suicidio ritual, anulado en el año 1660 y se consagra a la recopilación de las lecciones que se recogen en el libro.
Las lecciones aquí contenidas son mantenidas en secreto durante dos siglos hasta que se rompe el deseo de Yamamoto y se hacen públicas.

El libro vuelve a estar de actualidad al conocerse que se trata de una de las fuentes de inspiración del piloto español Fernando Alonso, muy imbuido en la cultura milenaria japonesa samurái.

Algunas de las lecciones sería impensable publicarlas en la sociedad moderna por su claro mensaje machista, solo entendibles en el entorno de tiempo y espacio en el que fueron escritas y que lógicamente no suponen ni de lejos la estructura básica del libro que pivota sobre los conceptos de la acción inmediata, el desprecio a la muerte por su asunción como inevitable, el valor, honor y fidelidad.

Algunos de los preceptos que hoy los gurús nos presentan como novedosos e impactantes ya aparecen recopilados en esta cultura milenaria:
-" Cualquiera que no haya errado nunca es peligroso"
Así que lo siento, lo de los emprendedores que fracasan como marchamo de calidad ya lo dominaban estos tíos que llevaban al cinto preciosas y afiladas katanas en vez de iPhones

No sé si es la más acertada. Sé que es la que me acerca más al samurai, también la que me ha costado más decapitaciones...
"Uno a de tomar sus decisiones dentro del espacio de siete respiraciones ... Si el discernimiento se prolonga, se arruina... Cuando las cosas se hacen despacio, salen mal siete veces de cada diez. El guerrero hace las cosas deprisa"

"Hagakure. El camino del samurái"
Yamamoto Tsunetomo
Punto de lectura
192 páginas + cubiertas
ISBN: 978-84-663-2728-2

martes, 30 de julio de 2013

No me da miedo el avión, me duele


Aterrizaje en el aeropuerto de Chicago. 12 agosto 2012


Si alguna vez has parado por aquí, de rebote, por casualidad o por puro masoquismo, habrás notado que estas cosas de volar me han atraído desde pequeñito. Aviones grandes, medianos, pequeños, de cuatro motores, de tres, de dos, de uno e incluso de ninguno.
Hoy no toca hablar de la sensación del primer vuelo en solitario, del día de mi examen para obtener la licencia, de sentarse en el puesto del comandante de un Jumbo rumbo a Miami, ni siquiera del viaje en mitad de una tormenta para conocer a mi primer sobrino. No toca porque en todos esos casos se trataba de volar y hoy hablo del lugar donde pasar el dolor.

Recuerdo las sensaciones del final del verano cuando el regreso a casa suponía la ruptura del paraíso, de los largos días de juegos, de jornadas prolongadas hasta la madrugada para disfrutar bebiendo hasta el último sorbo de la amistad, de la ausencia de problemas, de planes y de sentimientos de poderío frente a un mundo que se nos presentaba como equivocado y fácil de conducir.

Cuando se acercaba el final, las promesas de mantener el contacto, defender lo que creíamos nuestro amor por encima de distancias, dificultades, entornos más o menos hostiles, ... se hacían cada vez más vehementes.

Pero el dolor llegaba de madrugada, mezclado con sueño e impotencia. Llegaba cuando aprovechando el fresco de las primeras horas de la mañana había que subirse al coche, ya solo, sin el apoyo moral de los "amigos para toda la vida" y enfrentarse a lo que todo el mundo alrededor asumía como inevitable pero cuya explicación no mitigaba ni un ápice tu dolor.

Hemos crecido y ya no hace falta evitar el calor de los viajes, es más, las distancias en una ciudad no supondrían ningún menoscabo para mantener esas relaciones. Necesitamos subir a un avión, el coche se queda pequeño, y si es para cruzar el charco, mejor.
Por delante 8 ó 10 horas sin aire, porque no te llega a los pulmones o porque tú mismo te pones una bolsa en la cabeza ya sea en forma de fotos, de música, ... de recuerdos. Como cuando de pequeños nos arrancábamos las postillas de las heridas, en un afán inexplicable por evitar que cicatrizasen con resultado en muchas ocasiones de lágrimas de sincero dolor, incluso en las mejillas de los chicos más curtidos. Son horas en las que pierdes incluso el miedo a volar si lo tienes. Solo te escuecen las heridas.

Es verdad que en muchos casos después de aterrizar en el destino, el aire nuevo es como el beso de la madre que poco a poco llega a conseguir que a pesar de llevar el alma aire, no sientas ni su roce con la ropa que has decidido ponerte encima para no mostrar la herida de la que nadie sospecha, porque el dolor se transforma en vitalidad y nadie sospecha del vital.

Aprovecha ese tiempo de aire nuevo, no tendrás mejores condiciones de recuperación. A la vuelta, aunque el viaje lo utilices para reafirmarte en tu sanación, te espera la prueba de fuego.

El día 31 de agosto, vuelo a Chicago y la única posibilidad que tengo de evitar estas sensaciones es escuchar por fin la frase que llevo esperando tantos años: "¿Hay algún piloto entre los pasajeros?"

martes, 16 de julio de 2013

"Ángeles sin brillo"

Cartel de "Ángeles sin brillo"
Si la imagen de los pilotos pioneros ha estado siempre envuelta por un halo especial, mitad admirada, mitad cargada de mitos, la personalidad de los pilotos veteranos de guerra se parece más a los últimos tiempos de Búfalo Bill, ganándose la vida de feria en feria, después de haber vivido alguno de los episodios más apasionantes de la historia americana.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, los pilotos de combate americanos también deben adaptarse a una vida civil sobre un territorio que ha vivido los violentos episodios del combate exclusivamente a través de la prensa.
La pasión por volar, el poso de haberlo hecho con el objetivo de derribar a alguien con tu misma pasión, la inadaptación a la vida civil junto con la necesidad de ganarse la vida, es el entorno en el que se desarrolla la película americana de 1957 y ambientada en los años 30.


Fotograma de la película

"Ángeles sin brillo" (1957)
Dirigida por Douglas Sirk
Reparto: Rock Hudson, Robert Stack, Dorothy Malone, Jack Carson

martes, 25 de junio de 2013

"Otra vez en la carretera"

Portada libro
Parece que a algunos la "crisis" de los cuarenta les produce unas ganas irrefrenables de realizar los viajes que llevaban años acurrucados en sus sueños.
En 1997, el periodista italiano Cesare Fiumi alcanza esa fatídica edad y se lanza a recorrer Estados Unidos, de costa a costa, siguiendo las rutas descritas en el libro de Jack Kerouac, "En el camino".
Las rutas, los bares, las estaciones,... descritas también cuarenta años antes de este revival por el icono de la generación Beat han desaparecido o siguen ahí. De eso se trata, de descubrirlo de la mano del periodista italiano.
Lectura solo para quien se haya empapado antes de la obra original, por las referencias a los personajes, aunque apta para cualquiera que busque sensaciones en un viaje que sin duda, evoca un pasado que sigue estando ahí para quien lo quiera descubrir

"Otra vez en la carretera"
Cesare Fiumi
Ediciones B
300 páginas + cubiertas
ISBN 978-84-9872-132-4

"Mil novecientas veinte horas de LeMans"

Artículo publicado el 23 de junio de 2013 en "el Periódico Extremadura"


Marc Gené durante los entrenamientos de LeMans 2013

Supongo que Freud relacionaría mi obsesión por el noventa con haber sufrido una sexualidad infantil perversa polimorfa. Nada más lejos de mi intención que contradecir sus dictámenes, aunque yo lo veo más por el lado del corazón. Este año, “el Periódico Extremadura” cumple noventa años, no todos los que lo hacemos, pero sí la cabecera. Debe ser como cuando te rompes un brazo, estás embarazada o existe algo especial en tu vida. Durante un breve espacio de tiempo llegas a creerte único pero cuando sales a la calle y te das de bruces con la realidad, descubres que no eres el rey del mambo. No eres el único que puede hablar de lo que se siente con una escayola, empujando un carrito infantil o redescubriendo lo de las mariposas en el estómago.

Cuando oigo hablar de lo que quedará cuando se acabe la Alonsomanía, me acuerdo de los bailarines de Pikes Peak, del centenario del GP de España, en definitiva de todos los que no llenan titulares, de los que durante cien años han peleado por sus besos, de aquell@s que saben ser magia aunque nunca lleguen a saberlo. Tampoco cumpliendo noventa años somos únicos, aunque sigamos cada día sudando por tener un testigo que entregar a los siguientes. Las 24H de Le Mans, también cumplen noventa años, aunque “solo” ochenta ediciones por los paréntesis de 1936 por causas económicas y el período 1940-48 por la Segunda Guerra Mundial. Mil novecientas veinte horas de competición si se cumple el horario previsto y hoy a las tres de la tarde se totalizan las últimas veinticuatro de esta cifra.

Celebrando nuestro hermanamiento en edad con un espíritu tan especial como el que permite mantener vivo un enfrentamiento de hombres capaces de morir por disfrutar durante veinticuatro horas de bellas caricias, de ingratas sonrisas, rogando por obtener el beso fugaz que solo alcanzan los que suben al podio, los elegidos, los que han estado durante toda la partida en la lista de la diosa que mezcla fortuna con terribles arañazos, muchos de ellos injustos y fruto a veces de la interpretación como una afrenta de la sana lucha por conquistarla. Quién no quiere vivir esta lucha si está convencido que la satisfacción va a estar en el camino, aceptando que ganar solo incrementa tus posibilidades de volver a pelear por lo que consideras erróneamente tuyo pero que solo te pertenece durante una efímera vuelta, porque la diosa volverá a barajar las cartas, a tirar los dados, a veces deseando ella misma que el número que salga sea otro. Algo así debe sentir hoy Marc Gené, que subió a recoger su beso a lo más alto en el año 2009 y vuelve a estar en la baraja, después incluso de haber recibido un zarpazo el año anterior que pudo haberle costado la vida. Quizá por esto la diosa volvió a permitirle, no sé si a regañadientes, entrar en el cubilete en que se decide la gloria y besarle en la edición del año siguiente. No veremos la desaparición de la competición con Alonso o sin él. Ganar con él será como ser correspondido pero siempre habrá besos que recoger en cada carrera, ya se dispute en Le Mans o en Badajoz y siempre habrá cobardes dispuestos a llenarse el cuerpo de arañazos en busca de la bandera a cuadros. Porque aunque correr sea cosa de cobardes como afirma Revolver, yo lo soy y no me importa confesar que más que nadie, seguiré peleando por volver a subir a un coche de carreras a disfrutar de de esas ingratas y fugaces sonrisas que solo vemos los que entendemos el amor por este deporte desde dentro de un mono ignífugo y un casco, que nos permite reír y llorar a salvo de las miradas.
Y mientras haya alguien dentro del mono, habrá alguien que lo cuente, a su manera, como he hecho yo aquí desde el pasado 24 de febrero. Han sido dieciocho “paddocks”. Diecisiete más de los que yo pedí publicar al Director. Dieciocho más de los que algunos hubiesen querido. Voluntarios solo el primero, el resto son mérito de Miguel Ángel, que se empeñó en que salieran, de Jose Luis, que los perseguía durante la semana por los pasillos. A mí cada vez me costaban más porque cada vez me obligaban a enseñar algo que estoy acostumbrado a que quede dentro del casco. Por eso es bueno aprovechar el verano para tomar un descanso, para decidir si echo de menos conducir con la visera abierta o si la opción ahumada es la que me hace sentir más cómodo.

Twitter: @Yogui_Bear